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Nuevos hábitos en familia

Cómo apoyarnos dentro de la unidad familiar
Nuevos hábitos en familia

El 11 de marzo de 2020 nuestra vida cambió por completo. Incertidumbre en el trabajo, inseguridad en la salud, reducción de los contactos sociales… A ello se sumaba la consecuente sensación de soledad de las personas que viven solas. Por otro lado, las familias con menores se enfrentaban al reto de compatibilizar su trabajo, y sus emociones inestables, con el cuidado de  sus hijos/as o menores a cargo. Y no solo su cuidado y protección, también su educación y acompañamiento en la enseñanza junto con el profesor on line. Y para colmo, también teníamos que paliar la necesidad del niño o niña de juego, de correr, de relacionarse, o simplemente de salir a la calle y recibir estimulación visual y auditiva. Debimos establecer nuevos hábitos en familia.

Y en esta tercera ola debemos seguir manteniendo estos hábitos. Construirlos o reconstruirlos adaptándolos a la realidad surgida por el confinamiento perimetral, local, por áreas de salud, etc.
Pero no menos importante que crear los hábitos, es sentirnos apoyados en la familia. Ahora bien, ¿Cómo podemos apoyarnos?

Necesitamos tiempo, pero podemos hacerlo

En pocos meses hemos tenido que aprender nuevos hábitos de vida. Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), hábito es un modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes, u originado por tendencias instintivas.

 Maxwell Maltz (1889-1975), cirujano plástico, observó, según su experiencia tras las cirugías de sus pacientes,  que se necesitaban 21 días para que desapareciese la imagen mental creada y cuajase una nueva.

Por su parte, William James (1842-1910), psicólogo y filósofo, hablaba de la plasticidad del cerebro. Es decir, “el cerebro posee una estructura lo suficientemente débil para ceder ante una influencia, pero también lo bastante fuerte para no ceder de golpe. En esta estructura, cada fase de equilibrio relativamente estable se caracteriza por lo que podríamos llamar un nuevo conjunto de hábitos”.

Nuevos hábitos en familia. Cómo apoyarnos

  • Compartir tiempo de ocio en familia.

    Nuestro tiempo en familia no se debe reducir a revisar los deberes del colegio de nuestros hijos o darles de comer o comer juntos si son más mayores. Debe ser un tiempo de ocio en donde podamos pasarlo bien, y sustituir -en cierta manera- la necesidad de interacción social de nuestros hijos, y la nuestra, ya que los niños también necesitan jugar, hablar, compartir sus intereses o motivaciones, etc. Por ejemplo, tarde de cine con película en el sofá y palomitas, jugar con los juguetes o juegos de mesa…

 

  • Fijar uno o dos días por semana a realizar llamadas en familia con el altavoz o videollamadas.

    Con los abuelos o los tíos de nuestros hijos, no solo para que nuestros mayores se sientan acompañados, sino también para que nuestros hijos no se sientan desarraigados de su familia. Debemos evitar que lleguen a sentir miedo al abandono o incertidumbre por el estado de salud de sus abuelos.

 

  • Dedicarnos un tiempo diario al autocuidado.

    Es decir, dedicaríamos un tiempo estipulado cada día para que lo dediquemos de manera individual a lo que más le gusta o satisfaga. Puede ser ver una serie, la lectura, realizar una videollamada con familia o amigos, deporte o relajación, hobby… Ese tiempo lo podrán disfrutar cada miembro de la familia, y durante ese tiempo estarán libres de distracciones.

 

  • Nuevos hábitos en familia

    Estar abiertos a hablar sobre sentimientos y resolver miedos o desconocimiento.

    Los adultos debemos estar capacitados para poder resolver todas las cuestiones a nuestros hijos. No debemos omitirles información cuando nos pregunten, siempre adaptando dichas respuestas a su capacidad cognitiva y desarrollo madurativo.

 

  • Trabajar la empatía.

    Hay que tener en cuenta que esta situación, tanto en los menores como en los adultos, está provocando una inestabilidad emocional. Dicha inestabilidad posiblemente esté modificando nuestro comportamiento en casa de forma negativa. Tenemos que ser más empáticos, dando tiempo y un margen de error (siempre que esté dentro de lo lógico y no atente contra nuestra seguridad), y cuando sea posible expresarle que esa actitud, respuesta o comportamiento te ha provocado sentirte triste o disgustado, ofreciéndole nuestro apoyo emocional.

 

  • Evitar la sobreinformación sobre aquello que nos genere ansiedad. 

    Actualmente, ha aumentado la necesidad de información, ya no solo sobre síntomas de coronavirus, número de contagios y de fallecimientos, sino también ahora de las vacunaciones, dosis recibidas, dosis administradas o efectos secundarios. Puede provocarnos una ansiedad excesiva que no podamos gestionar, que influirá en la convivencia.

 

  • Buscar ayuda profesional,

    en el caso de que no podamos gestionar la ansiedad propia, o la de nuestros hijos.

 

 

Mª Paz García

Orientadora Escuela Infantil

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